Llegamos
a eso de las 9:00 horas a la guardería Puerto Deseado, un lugar
fantástico donde lo primero que nos recibió fue el buen
trato, y donde nos esperaban Rubén y Gabriel en "La Morocha",
una embarcación de 9.10 mts. de eslora dotada de todas las comodidades
necesarias tanto para la pesca deportiva como para la navegación
de placer (tiene desde porta cañas hasta un plasma con reproductor
DVD). Luego
de conocer las instalaciones hicimos
el rol correspondiente y nos apuramos a zarpar para cargar combustible.
Una vez completada la carga pusimos proa a Playa Honda donde, según
el Capitán, todavía hoy se logra capturar pejerreyes de
los grandes, antes que estos se muden a los bancos para desovar completando
así su ciclo natural reproductivo.
Antes de llegar al Plata realizamos una navegación
fantástica por el Luján en una embarcación para conocer.
Al llegar a aguas abiertas nos recibieron vientos moderados a fuertes
del SE que, de acuerdo a los cálculos de los más
optimistas, nos iban a deparar una excelente pesca. Navegamos una hora
y media hasta avistar a lo lejos las demarcatorias del hundimiento del
Vencedor Platense, cuando el Capitán paró máquinas
para hacer lo nuestro. Apenas La Morocha se
acomodó soltaron 2 anclas de capa (una por proa y otra por popa)
enfrentando el viento por banda de estribor. El clima no era bueno (estábamos
de manga corta) pero las condiciones sí: Superficie rizada, deriva
a 1.4 kms/hora, 3.60 mts de profundidad y sol de espaldas (permitiendo
boyas claras y livianas).
El
lugar era el indicado para la época, pero el clima hizo que nos
encontráramos con aguas cálidas, turbias y con pocas respuestas
a nuestros primeros intentos. La elección del lugar fue para encontrar
a los grandes de verdad, ya que según algunos datos previos los
guías que efectúan la pesca más cerca de la costa
con las lógicas diferencias en tamaño (y que cobran casi
lo mismo en pesos), estaban sacando mucho pejerrey pero no de los portes
que buscábamos para esta nota, porque era ni más ni menos
que nuestro bautismo en el Río de La Plata. Los piques empezaron
a darse bastante raleados, todos en las "bigoteras" de las líneas,
y el primero en suerte me tocó a mí. Un ejemplar que superaba
cómodamente los 40 cms. traído desde algo más de
100 metros, fue mi primera captura en el río "aguas color
de león", y colmó ampliamente mis expectativas, acostumbradas
a aguas interiores palustres. Luego de sentir el pique y clavar la pieza,
tardé varios minutos en acercar el pejerrey a la embarcación,
lo que le agregó una sensación extra a la pesca, la que
no solemos sentir los "laguneros", y encima ninguno de los grandes
que me tocó sacar vino derecho, todos lo hicieron cruzados y con
corridas laterales increíbles. Para explicar de manera clara y
sencilla lo que es una bigotera, ésta funciona como un cuarto anzuelo
en el lugar del clásico puntero. Es un "gancho" que tiene
por objeto permanecer casi afuera del aparejo, como independiente del
conjunto más rígido, compuesto por la madre, las brazoladas,
los anzuelos, los plomitos partidos, los rotores, las perlitas y los nudos,
trabajando a través de una pequeña cometa de no más
de 10 cms. Inclusive, al no tener boyón impulsor, el aparejo trabaja
más libre. Yo la noté como una "tramposa" de laguna,
si cabe la comparación.

Aproximadamente
a la
hora de estar gareteando, hábilmente dirigidos por los tripulantes,
se planchó el viento y con él la deriva. Esta nueva condición
obligó a agudizar los sentidos a unos y a dedicarse a la gastronomía
a los otros. Los primeros aprovecharon para descansar la vista y disfrutar
más la llevada de los aparejos en superficie y los otros a cortar
pan, fiambre y abrir botellas. Ambos disfrutando a su manera de las bondades
del barco y de su gente. Personalmente combiné ambas opciones,
alternando un bocado de alimento con los pocos piques que se daban espaciados
y extrañamente a no más de 20 mts. de la embarcación.
Los flotantes más lejanos eran los que permanecían inactivos.
Al rato de estar disfrutando del río, y luego de modular indicando
posiciones, se nos agregó Walter Cirullo, otro integrante del equipo
de Pescanautas, en su semirrígido. Lo amarró por babor y
subió a bordo para una pesca más cómoda y amigable.
Luego de las presentaciones del caso las líneas volvieron a ser
el foco de atención. Mientras tanto, y entre pique y pique, Alberto
Boero seguía concentrado en su aparejo al que cambiaba de posición
casi constantemente en un claro intento de clavar alguno de los grandes.
Pero la calma chicha seguía complicando la salida a pesar de algunas
llevadas aisladas, casi sin importancia en cuanto a tamaño.

A
eso de las 14:00 horas el viento se levantó del NE (hasta
antes de calmarse lo hizo del SE) lo que obligó a replantear
la ubicación de las anclas de capa que flotaban inertes hasta ese
momento. La maniobra fue rápida y bien sincronizada y "La
Morocha" se puso nuevamente en movimiento, desplazándose esta
vez hacia la costa argentina. Lo que más me llamó la atención
fue que, a medida que el garete nos acercaba a los restos del Vencedor
Platense, los piques aumentaban. Los más grandes más lejos
del naufragio para ir achicándose los portes a medida que nos acercábamos.
Eso me hizo pensar en nuestra restinga, un comedero natural para las especies
mayores, al igual que los restos de hierros sumergidos, poblados por especies
forrajeras, caracolitos y almejas, donde los pejerreyes se alimentan.
En las fotos puede apreciarse como el agua estaba planchada, lo que ya
dijimos complicó la pesca a partir de la segunda hora.
Los
equipos utilizados fueron varios como en todo relevamiento que se precie
de tal; sino pasa a ser una salida de pesca de fin de semana. Llevamos
(había otros equipos a bordo) una SHIMANO Convergence de
6´6" (suficiente para 1.40
mts. entre 2 boyas palito y "bigotera") armada con un reel SHIMANO
Coriolis CO-100E ("huevito") con multifilamento 14.
El otro equipo
fue una SPINIT
Master
Line 400, (4 mts.), 3 boyas palito y bigotera, con un Blue Legend 30
(frontal) cargado con monofilamento Ultra Premiun (0.30Ø),
que sorprendió por flotabilidad, buena clavada lejos, la sensibilidad
al momento del pique, pero más que nada por la poca fe que le tenían
a bordo, acostumbrados al multifilamento. Pero esto, si bien tiene mañas,
es una cuestión de gustos, como el vino y las mujeres.
Los anzuelos fueron MUSTAD 1687 Nº 1 y 1/0, las boyas doble palito en madera balsa, verde flúo, naranja, naranja y negro y fucsia, colores claros para sol de espaldas, de frente hubiésemos necesitado boyas oscuras. Usamos brazoladas de hasta 15 cms. debido a lo turbio del agua, colgadas de rotores Mandale de doble giro. La carnada más rendidora fue la mojarra viva, pero Walter armó "sanguchitos" con filete de pejerrey teñido de verde. En el caso de las mojarras encarnábamos de a tres: Una pasada hasta el hilo, la otra de cola a cabeza en la pata del anzuelo y la otra pasada una sola vez, colgando de la cola. El sanguchito pasaba una mojarra de cola a cabeza dejando "colgada" una tira de pejerrey de 2 x 7 cms. teñida de verde flúo.
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El
placer
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El
copo
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Ancla
de capa
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La
pesca
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LO
BUENO
El Gran Río siempre depara sorpresas en cualquier temporada. En
invierno ofrece sus grandes pejerreyes
y en verano buena variada de cuero con patíes, bagres de mar junto
a tarariras, bogas, doradillos, cachorros, etc., además de ofrecer
siempre algún tipo de reparo en cualquiera de sus ríos,
riachos o canales, sin necesidad de pescar en aguas abiertas los días
de vientos fuertes.
LO
MALO
La lluvia, que arruina cualquier salida, algún Pampero desmedido
luego de varios días de viento Norte sostenido,
los pescadores artesanales que no respetan ni cupos ni especies, los guías
que permiten abusos y ofrecen pésimos servicios y la poca promoción
que reciben los servicios como el que nosotros disfrutamos en "La
Morocha" y que encima cobra solo $ 1.000.- la salida hasta 4 pescadores
(algunos trackers cobran $ 700.-) con el fabuloso sistema "all inclusive",
en el que recibe desde las facturas, pasando por la bebida, el almuerzo
y la carnada, hasta la copita de champagne a la vuelta.
Navegar
con todos los cuidados posibles. porque el fondo puede marcar 4 mts. y a los
20 metros 10 cms. La ceba debe gotear (un envase en proa y otro en popa) formando
una "calle", que quedará marcada con la deriva, por donde
navegarán nuestras líneas. Muchas
veces
la ceba acerca a los chicos (por eso se pesca lejos) por eso es bueno, cuando
empiezan a salir todos chicos, cambiar la locación. Use
las mejores boyas que el dinero pueda comprar, no olvide que trabajan lejos.
Si pesca fondeado y con poco viento use boyas grandes, si no use las más
pequeñas que alcance a distinguir. Puede
ponerle purpurina a las boyas y a la carnada, dependiendo de lo turbia que
esté el agua. No
escatime mojarra, un manojo de hasta 3 por anzuelo es bueno. Siempre deje
salir el hilo lo más suelto posible, si es rotativo apenas presionando
el carrete con el dedo para no hacer "galleta" y si es frontal "envolviendo"
el carrete con la mano sin presionarlo. En este último caso bombear
la caña soltando hilo es una buena técnica. Y cuando sienta
o vea el pique tense el hilo, déle a la caña un golpe de muñeca,
manténgala arriba en tensión hasta sentir al pez clavado, empiece
a recoger y pídale a alguien que prepare el copo mientras usted disfruta
de las corridas del pez clavado. Si hace calor el pejerrey busca las corrientes
que se forman en los canales porque necesita oxigenarse. El pejerrey grande
es el que más suave lleva, pero hasta que se apura y lleva todo, ahí
es cuando hay que clavarlo, déle tiempo. Hay que mantener siempre la
línea en tensión con respecto al pez que está siendo
arrastrado.
A
BORDO
Para
efectuar una excursión segura hay que tener en cuenta algunos pormenores:
Lo primero la contratación de una buena embarcación, la que
determinará cuanto podemos alejarnos de la costa sin preocuparnos por
el mal clima. Que la misma cuente con un buen Capitán que conozca el
río, y que sea pescador. OJO: Que tenga las comodidades por
las que pagamos y nos den lo ofrecido al momento de la contratación
del servicio. Que disponga de todos los elementos de seguridad vigentes, de
comunicación y navegación de última generación.
Que tenga equipos alternativos disponibles ante cualquier contingencia. Y
sepa que: El
Capitán es amo y señor y sus órdenes deben tenerse por
absolutas. Una tormenta en el horizonte puede pasar a ser un problema al decidir
"quedarnos cinco minutos más". Durante una tormenta mantenerse
siempre sentados, con una mano en el barco y los chalecos puestos. Distribuir
el peso hace navegar mejor al casco. A la ola es preferible encararla como
si fuera bordejeando. De esta manera y manejando el acelerador de manera prudente
y con la pata algo levantada, se evitará embarcar agua. Si tiene que
fondear suelte todo el cabo del ancla. No haga planear la embarcación.
Navegue por el veril del canal de donde viene el viento, de esta manera la
ola será más baja al no ganar altura sobre la profundidad del
canal.
LA
TRIPULACION
Rubén Martínez: Patrón de Yates Vela Motor habilitado
por Prefectura naval Argentina para la navegación por el río
de la plata en su totalidad, ríos interiores y navegación marítima
costera. El es el responsable de la tripulación y pasajeros de la Morocha.
Más de 20 años navegando avalan sus conocimientos del Delta
del Río de La Plata y los mejores pesqueros. ruben@crucerolamorocha.com.ar
Tel. (011) 5226-2632 Nextel 556*1246
Gabriel Tiralongo: Productor y conductor de Compromiso con la
pesca TV". Es el encargado de que nuestros pasajeros pasen una jornada
inolvidable. Próximo a rendir su examen de Timonel Yates Vela Motor,
secunda al Capitán en todas las salidas. Gabriel@crucerolamorocha.com.ar
Tel. (011) 5428-2661
Nextel 502*797
CONCLUSION
Por
ser la primera vez quedamos fascinados con esta pesca a la que, como muchos
que no la practicamos, creíamos complicada por el ambiente, la distancia,
lo difícil de ver las boyas y ni hablar de sentir los piques, la necesidad
de efectuarla con largas cañas de hasta 4.70 metros (comprobamos que
no son tan necesarias) que son como una vela en el viento y difíciles
de manejar con río movido, el que nos obliga a tener siempre una mano
en el barco. En cambio encontramos un ámbito amigable, con la posibilidad
de variar las cañas (cortas, medianas o largas), los aparejos (cortos
o largos), los hilos ("multis" o "monos"), las boyas (tamaños,
colores, modelos), los reeles (frontales o rotativos), etc. y nos dimos cuenta
que podemos pescar a nuestro gusto y conveniencia. Porque
como dijo una vez Zapico Antuña: "Sería imprudente fijar
reglas en algo tan extraño como la pesca deportiva". Y
para los primeros calores irapescar.com los va a sorprender con una salida
de la que no va a querer quedarse afuera: La pesca de las tarariras azules
en riachos y arroyos de nuestro delta, de la mano de "La Morocha"
y de "La Morochita", un semirrígido que arrastra el buque
para aventurarse por riachos y arroyos de poco caudal entre juncales y sauces
llorones, para tratar de clavar estos verdaderos monstruos del río.
Hasta la primavera.
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